Responsabilidad social corporativa: hacia la ética empresarial

Un proverbio chino dice que “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. O lo que es lo mismo, por muy pequeños que seamos, nuestra capacidad para influir en el entorno es casi infinita. Aunque a veces se nos olvide, hacer de esta una mejor o peor sociedad está en nuestras manos y en las de nuestra empresa. Ya es hora de echar balones fuera y asumir, por fin, que la Responsabilidad social corporativa (RSC o RSE) es cosa de todos.

Casi siempre que hablamos de ética empresarial recurrimos a grandes multinacionales, con cientos de empleados alrededor del mundo. A ellos les exigimos mejores prácticas, más sostenibilidad y justicia social. No me malinterpretéis, es una buena reivindicación. Sin embargo, también es cierto que se trata de una posición muy cómoda. Más allá de reclamar a otros lo que es justo, deberíamos preocuparnos por ser responsables socialmente en nuestro propio negocio. 

¿Qué podemos hacer para mejorar la Responsabilidad social corporativa y el impacto social?

Cuando nos convertimos en espectadores de la sociedad nos asustamos: guerras, pobreza, un cambio climático cada vez más acusado, xenofobia, colectivos marginados. Al lado de todo eso, acabamos sintiéndonos tan pequeños e indefensos como una mota de polvo. Pero hay recordar que nosotros somos el aleteo de esa pequeña mariposa que logra cambiar el mundo.

La primera responsabilidad de cualquier negocio es ganar dinero. Hay que tener en cuenta que solo si somos sostenibles económicamente podremos mantenernos en el tiempo, crecer y revertir esa riqueza que hemos generado en la sociedad. No obstante, no todo vale a la hora de vender más. Por eso, debemos fijar unos valores, una línea roja que jamás vayamos a cruzar en beneficio propio.

La RSC afecta a diferentes áreas sociales y empresariales. Vamos a ver algunos de los ámbitos concretos en los que podemos actuar para tener un impacto más positivo en la sociedad: 

Responsabilidad interna 

Una empresa son las personas que forman parte de ella. Por eso, si tenemos empleados o colaboradores, debemos preocuparnos por cuidarlos bien y mantenerlos motivados. Recordad que son el mayor activo de nuestro negocio. Algunas acciones de este tipo son, por ejemplo:

  • Establecer horarios flexibles que permitan la conciliación entre el trabajo y la vida privada.
  • Fomentar la igualdad de género.
  • Ofrecer salarios dignos.
  • Promover la formación.
  • Prevenir los riesgos laborales.
  • Realizar acciones de team building.
  • Poner en marcha acciones sociales y de voluntariado para aumentar la concienciación de los empleados (donaciones de sangre, colaboraciones con ONG, recogidas de alimentos, etc.). 

Responsabilidad con el mercado 

Tenemos que dar a nuestros consumidores la importancia que realmente tienen. En este sentido, es necesario que los valores empresariales velen por la calidad de los productos o servicios. También debemos ofrecer una buena atención  al cliente, ser lo más transparentes posible y no engañar ni hacer falsas promesas.

Responsabilidad medioambiental 

Los recursos naturales del planeta son limitados. Sin embargo, nuestra huella ecológica no deja de crecer, lo que supone una mayor contaminación y un efecto directo sobre el cambio climático. Para minimizar el impacto de nuestra empresa en el entorno, podemos recurrir a acciones tan sencillas como estas:

  • Reciclar todos los desechos que produzcamos. En un negocio, el volumen de papel que generamos al año es abrumador.
  • Ahorrar agua y electricidad. Es fundamental apagar luces y ordenadores cuando no los necesitemos y mantener una temperatura adecuada.
  • Promover una movilidad más sostenible. Por ejemplo, optimizando el número de desplazamientos, compartiendo coche o comprando vehículos menos contaminantes, en el caso de que sean un activo más de la compañía.
  • Evitar envoltorios innecesarios en nuestros productos.
  • Invertir en procesos de producción que consuman menos recursos. 

Responsabilidad con la comunidad

En el ámbito social, existen multitud de causas con las que colaborar. Si no sabemos muy bien cómo empezar podemos pedir consejo a alguna ONG o asociación para que nos den unas pautas básicas. En cualquier caso, estas son algunas actividades interesantes:

  • Integrar en el mundo empresarial a colectivos en riesgo de exclusión o con dificultades para acceder al empleo.
  • Promover la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres.
  • Apoyar actividades sociales y deportivas.
  • Ofrecer formación o asesoramiento gratuito.

Implementar una estrategia de RSE nos beneficia a la vez como empresa y como parte de la sociedad en la que vivimos. Juntos podemos conseguir que este mundo sea mejor y más justo. Ya veis que, en realidad, hacer las cosas bien cuesta muy poco. ¿Os animáis? 

Fuente: Infoautónomos – Por Nuria Molina

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