Combate a la corrupción empresarial, otra práctica de RSE

Fomento a la transparencia, comité de ética y políticas anticorrupción son algunas de las herramientas para el buen gobierno corporativo y también pueden ser miradas como prácticas de responsabilidad social. Especialistas consultados por Ámbito Biz coinciden con esta postura aunque adelantan que hay poca prevención y que la corrupción dentro de las organizaciones es un problema latente. 

Según el paulista Caio Magri director de operaciones del Instituto ETHOS de Brasil la triada ética, transparencia y lucha anticorrupción “es tema central para la sustentabilidad“. “Los cambios en la gestión de negocios pueden provocar cambios importantes en la sociedad“, analiza. “Sin dudas el combate contra la corrupción es una política de RSE. Porque hay un compromiso de construir una sociedad mejor“, añade por su parte Luis Ulla, director de investigación y desarrollo del IARSE. Sin embargo, pese a las buenas intenciones los casos de corrupción crecen a diario.

Para graficar, un reciente informe global de Kroll afirma que más del 40 % de los profesionales del área de cumplimento anticipan que este año crecerán los riesgos de la corrupción intraempresa y el 25 % dice no tener confianza en los controles internos. Estas señales de alerta se incrementan en la región, de hecho, “8 de cada 10 empresas argentinas tuvieron en el último año al menos un fraude detectado“, explica Matías Nahón managing director de Kroll para la región cono sur.

Nahón sostiene que cualquier acción que se tome en esta temática es positiva dado que “las políticas de prevención de fraude y corrupción en las empresas son prácticamente inexistentes, sobre todo en Latinoamérica“. Desde esta consultora internacional que trabaja en mitigación y control de riesgos, aseguran que las organizaciones que implementan planes de control lo hacen cuando es tarde, o sea cuando ya se cometió algún delito y deben pagar multas millonarias. Para Ulla se llega a este estadio por un “debilitamiento de la cultura de valores dentro de la compañía” y advierte que se deben realizar sanciones disciplinarias ejemplares.

Compliance

Según los especialistas consultados la principal herramienta para combatir la corrupción dentro de las empresas es la prevención. Para ello postulan al menos dos alternativas, la creación de comités de ética y la adopción de mecanismos de compliance o normas de cumplimiento.

Magri las define como “un conjunto de políticas que la empresa construye para prevenir, investigar y punir a quienes están involucrados en corrupción” y lo ubica por encima de los comités de ética. Además postula al menos cuatro etapas: auditar constantemente, tener compromiso del directorio, realizar capacitaciones y abrir mecanismos de denuncias anónimas que pueden dar inicio de investigaciones. Nahón postula que deben implementarse planes integrales en las compañías pero ante el contexto nombra algunos tips que suman a la prevención: compulsa de precios al hacer compras, verificar antecedentes de proveedores, verificar si no hay connivencia entre proveedores y quien hace la contratación y reducir al mínimo la contratación directa. Además suma hacer comprobación de antecedentes laborales de los empleados que se incorporan sobre todo a áreas sensibles como compras.

En tanto, el cofundador de IARSE resalta que “tener un código de ética en una empresa sirve para decirle para adentro y para afuera estos negocios sí los hago y éstos no y debe ser comunicado claramente a toda la organización“. Sin embargo, Nahón explica que “la mayoría tienen sus códigos de ética o manuales de procedimientos, el problema grave es que nadie lo cumple o nadie fiscaliza que esto se cumpla“.

La fiscalización es otro punto central. Mientras Ulla reclama un contralor interno que pueda “identificar conflictos de intereses“, Nahón aporta que este debe ser un externo a la organización ya que una persona que pertenece a la empresa “carece de expertise e independencia“. Además los analistas aseguran que estas prácticas no son solo para multinacionales, incluso advierten que las PYMES corren con más ventaja por su tamaño.

En definitiva, el control de la corrupción no es más que una política para mantener a la empresa “limpia” y continuar con un negocio con retornos y que pueda expandirse. “Hoy es necesaria la previsión porque estamos en un momento donde hay más apetito por la inversión extranjera y el inversor extranjero demanda todo lo que tiene que ver con compliance“, finaliza Nahón. 

Fuente: Ámbito Financiero – Por Diego González

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